Pel seu primer St Jordi.

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El libro-álbum Olivia es antes que nada una experiencia estética exquisita.

¿Puede un lector (niño o adulto, no importa) asistir como espectador al arte de vivir la infancia con toda la intensidad de que alguien es capaz? Con Olivia, la cerdita-niña, eso es posible.

¿Puede un lector (el que aún no sabe leer, el que hace tiempo que sabe, no importa) comenzar a sentir que tanto puede ser dicho con sólo tres colores (rojo, blanco y negro) aprovechados en toda su potencialidad y delicadeza? Ian Falconer se encarga de que la síntesis cromática se convierta en una multiplicación de sentidos.

Olivia es una niña-cerdita especialmente intensa. En la contratapa, un asterisco aclara al pie que “es muy buena para cansar a la gente”. Todo es llevado a las últimas consecuencias por ella. La vida no tiene límites cuando se trata de moverse, probarse ropa, jugar, gozar del arte (música, plástica, libros, hasta castillos de arena)… Y sus padres-cerdos la dejan hacer, a pesar de su agotamiento, o negocian a favor de su sensibilidad, cuando su derroche de libertad tiene consecuencias sobre su vida infantil o familiar. Esto ocurre cuando, por ejemplo, después de ver en el museo un cuadro del pintor contemporáneo Jackson Pollock, intenta emular su estética abstracta en una de las paredes de su casa. O cuando su madre, después de una leve discusión, termina aceptando que se lleve sólo tres de los cinco libros que Olivia pensaba llevarse a su cama. La visión de las dos, madre e hija, metidas en la cama leyendo un libro sobre María Callas en una imagen en carbonilla que ocupa toda la hoja, es una escena lectora más elocuente que el mejor de los discursos sobre la lectura.

Como un simpático contrapunto, detrás de Olivia, hay un hermanito-cerdo menor que queda en segundo plano, mientras se dedica a imitarla, a admirarla, o a perderse en su mundo todavía demasiado pequeño como para comprender los desbordes artísticos de su hermana.

El entramado de escenas cotidianas de Olivia se sostiene en el arte de expandir textos mínimos con imágenes bellas y sobrias (nunca se ha visto tanta elegancia en una familia de cerdos). Estas imágenes se destacan aún más gracias a un diseño gráfico en el que sobre un fondo blanco sin marcos ni límites parece flotar esta ficción tricolor.

La economía del código escrito y su variada ubicación en el espacio de la hoja refuerza el carácter poético de esas palabras que parecen extender sus alas hacia la expresión plástica.

Cuando se cierra la última hoja de Olivia de Ian Falconer se siente una irresistible tentación de volver a empezar: es uno de esos libros que, como dice Italo Calvino, nunca terminan de decir lo que tienen que decir.

Recomendado a partir de los 4 años.


Sevilla: tipos de tapas

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Los sevillanos “salen de tapas” por la noche, como alternativa a una cena sentados en un restaurante, o bien al mediodía sustituyendo al almuerzo.

Las tapas son pequeñas cantidades de cualquier comida típica andaluza y lo normal es tomar una de ellas acompañando a cada bebida.

A veces se pide una ración para compartir, así todos “pican” de los mismos platos. En cuanto a la bebida, se suele tomar cerveza, en particular Cruzcampo. Esta cerveza, creada en 1904 en Sevilla, se ha convertido en líder del mercado en toda España. También es típico el “tinto de verano”, que es vino tinto con refresco de naranja, de limón o “casera blanca” (algo parecido al Sprite). Comer de tapas puede ser barato (el coste de la tapa oscila entre 1.50 y 3EUR aprox.y la bebida en torno a 1EUR), aunque todo depende del hambre que tengas y del bar al que vayas. En el “tapeo” la gente come a veces sentada, pero muy a menudo en la barra o en una pequeña mesa alta. Generalmente la lista de tapas está escrita en una pizarra, pero en algunos bares los camareros recitan los platos a gran velocidad, tanto que a veces resulta difícil recordarlos todos.

Aquí te indicamos algunas de las tapas más frecuentes:

  • Pinchitos morunos: Plato propio de la cocina andalusí, heredada de la cocina árabe. Llevan una mezcla picante de especias con la que se aliñan trozos de carne de pollo o de cerdo.
  • Montaditos“: pequeñas piezas de pan tostadas y rellenas de todo tipo de alimentos (jamón, chorizo, anchoas, gambas…)
  • Gazpacho: Es el plato sevillano y andaluz por excelencia. Se suele tomar en verano y normalmente se sirve como primer plato. Esta sopa fría lleva tomate, pepino, pimiento, ajo, pan, aceite, vinagre y sal. El salmorejo es igual pero no se añade agua.
  • Pescado frito: Pescados pequeños o cortados en trozos, rebozados en harina y fritos en abundante aceite: boquerones, pijotas, calamares o puntillitas entre otros; para probarlos todos lo mejor es pedir un “frito variado”, que lleva un poco de todos.
  • Espinacas con garbanzos: es un plato muy tradicional de la cocina sevillana. Los condimentos que dan sabor a las espinacas son el pan frito, ajo, comino o laurel y la sal, además del pimentón.
  • Menudo: Se elabora con los intestinos de la ternera (tripa). En el resto de España se conocen como “callos”. Es un guiso especiado y contundente, a veces picante, pero en contra de su apariencia, no especialmente grasiento. Pueden guisarse añadiéndole garbanzos, chorizo, etc…
  • Huevos a la flamenca: Lleva verduras (tomate, pimiento rojo, guisantes, judías verdes, cebolla y ajo), chacina (jamón serrano y chorizo) y huevo. Se preparan en cazuela de barro al horno.
  • Tortillitas de bacalao: Son una masa de harina en la que se mezcla el bacalao (desalado y desmenuzado), ajo, cebolla y perejil, y que después se reboza y se fríe en abundante aceite
  • Ensaladilla: Ensalada de patatas, huevo duro, atún, guisantes y mayonesa.

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